Venezuela:
País en reconstrucción ii
Venezuela: País en Reconstrucción II
Hay momentos en los que escribir resulta prácticamente imposible, tal como ocurrió en los días posteriores al doblete sísmico que golpeó a Venezuela el pasado 24 de junio, cuyos relatos e imágenes rodaron por el mundo explicando la realidad mejor que cualquier palabra y revelando nuevamente el colapso estructural y caótico funcionamiento del régimen que gobierna el país, pero el silencio tiene un límite y luego de haber transcurrido varios días desde la tragedia y en medio del profundo dolor e incertidumbre nacional creo que es momento de plantear reflexiones urgentes sobre la situación política de Venezuela, especialmente porque este desastre ha comenzado a descubrir grietas de una transición que hoy genera más preguntas que certezas.
Luego de la captura de Nicolás Maduro, publiqué un artículo titulado "Venezuela: país en reconstrucción", allí escribí una frase que hoy cobra todavía mayor sentido “No está el tirano, pero sigue la tiranía” pues su captura no representaba el final, era apenas el comienzo de una etapa mucho más compleja. La dictadura venezolana formó una complicidad en el ejercicio del poder, que pasó primero de Chávez a Maduro y ahora al triunvirato, siempre han sido una estructura que han aprovechado hasta las desgracias como oportunidad política, basta con recordar que, desde el deslave de la Guaira en 1999, pasando por la pandemia, los más de 8 millones de desplazados y exiliados, entre tantas otras, las desgracias del pueblo venezolano han servido al régimen de oxígeno para ganar tiempo, aprovecharse de la necesidad de la gente e imponer su narrativa, por esto sostengo que ahora, si no se actúa con determinación, estos terremotos no habrán sido la excepción.
Para proyectar el futuro de la nación con objetividad, es indispensable evaluar nuestro presente y articular esfuerzos en torno a la ruta trazada por Estados Unidos: Estabilización, Recuperación económica y transición política. Toda estrategia política debe poder evaluarse por sus resultados, sobre todo un proceso de transición, pero ¿cómo evaluarla?, si una transición viable exige la participación de todos los sectores y principales lideres y aun manteniendo la discreción diplomática y operativa que impide ventilar cada detalle de las negociaciones, también son necesarios canales de comunicación estratégicos que informen al país, de lo contrario, el silencio de los que administran y coadministran solo alimenta la incertidumbre, aleja la confianza y genera el temor de que una fase de excepción pueda convertirse en un gobierno de facto.
¿Es hacia acá donde nos está llevando la ruta planteada? ¿Estamos aun en la fase de estabilización?, ¿Cuánto tiempo falta?, ¿Quién decide cuándo los venezolanos pueden elegir? ¡Todas las transiciones son temporales! Y con esto, no pretendo desconocer la valiente decisión de Estados Unidos en uno de los acontecimientos políticos más importantes de nuestra historia reciente, pero estas dudas cada vez florecen con mayor rapidez, el tiempo las multiplica, más aún, cuando el presidente Donald Trump, afirma que “más allá del terremoto, los venezolanos están felices y bailando en las calles”, ¡enorme equivocación!, presidente Trump: ¿Cuánto tiempo más cree que debe durar la "estabilización" de un país que sigue gobernado de facto por quienes su propio gobierno acusa de integrar una organización criminal?
Esto lo digo porque el tiempo normaliza la distorsión política, engendra complicidades y logra que se formen nuevas relaciones de poder con “permisos tácitos” tan sorprendentes como el que goza Diosdado Cabello, quien, a pesar de tener graves acusaciones y una millonaria recompensa de la justicia estadounidense por su captura, transita libremente por Venezuela y sostiene encuentros públicos con funcionarios norteamericanos. Mientras tanto, María Corina Machado, sigue desterrada e impedida de pisar suelo venezolano y de ejercer plenamente el liderazgo que millones le reconocen ¿Cómo explica la Casa Blanca semejante contradicción?
¿A esa estabilidad se refiere la ruta propuesta? la historia está llena de países “estables” donde no hubo democracia, por eso creo que seguir con el tema de la estabilidad en Venezuela como excusa para no plantear un cronograma de elecciones, es un despropósito. Después de toda esta tragedia es necesario que al frente del país se constituya previo ejercicio del voto, un gobierno constitucional legítimo que goce de la confianza del pueblo para reencauzar a Venezuela hacia el futuro y reconstruirlo en todas y cada una de sus partes para volver a ser una República libre.
Los principios de los padres fundadores de Estados Unidos siguen siendo un faro edificante que impregnó de fervor libertario al mundo entero, evocar ese legado es oportuno, porque el pasado 4 de julio se conmemoró los 250 años de su Declaración de Independencia y como casual simbolismo, inmediatamente después, el 5 de julio, Venezuela recordó los 215 años de la firma de su Acta de Independencia. Ambas naciones están unidas en una misma raíz republicana, se originaron bajo la aspiración de que el poder dejara de ser patrimonio de unos pocos para quedar sometido a la voluntad de los ciudadanos, proclamaron derechos inalienables como la vida, la libertad y sostuvieron que los gobiernos tienen su legitimidad por el consentimiento de los gobernados. Por esto y por el evidente y determinante control que ejerce Estados Unidos sobre el proceso político venezolano, es loable que recuerde precisamente los principios que dieron origen a su propia República.
Desde esa época hasta hoy es bien sabido que el poder no pertenece a quienes lo administran, pertenece al pueblo, quienes lo delegan y mientras esa delegación no vuelva a expresarse plenamente en unas elecciones transparentes, libres, justas y democráticas seguirá habiendo dictadura. La soberanía debe volver a los ciudadanos, de lo contario estaremos viviendo una nueva etapa de la misma crisis con diferentes rostros.
¿Hasta dónde puede Estados Unidos prolongar el ejercicio de un gobierno de facto sin convocar al propietario de la soberanía nacional a que elija mediante elecciones sus representantes? Está dispuesto a correr el riesgo de destruir su autoridad moral como defensor de la democracia como principio universal.
Los venezolanos no hemos luchado durante décadas para cambiar de administradores impuestos, hemos luchado para volver a ser ciudadanos.
Venezuela ya esperó demasiado y sencillamente, no puede seguir esperando.
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SOBRE EL AUTOR
Oswaldo Smarrelli
Economista, magíster en gerencia, locutor certificado y articulista por convicción. Más de 20 años acompañando a líderes y organizaciones a pensar el presente para diseñar el mañana.
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